A propósito del Día internacional del Orgasmo Femenino. Una reflexión

A propósito de la celebración hoy 8 de agosto, del Día Internacional del Orgasmo Femenino

Hace unos días descubrí que tal día como hoy, 8 de agosto, se celebra el Día Internacional del Orgasmo Femenino. La iniciativa partió, allá por el año 2006, de un mandatario de un pueblo de Brasil que, tras la publicación de un estudio de la Universidad Federal de Piauí, descubrió que el 28% de las mujeres de su región eran incapaces de llegar al orgasmo.

Lo reconozco, en un primer momento, el descubrimiento me hizo gracia y hasta me provocó alguna sonrisa. Sin embargo, más tarde me dio por pararme a cavilar sobre los motivos que encerraban realmente esta celebración y la reivindicación que hay detrás de la misma. Y descubrí que, lejos de ser un tema baladí, arroja realidades muy preocupantes que ponen en evidencia, una vez más, el terrible peso de los condicionamientos religiosos, culturales y sociales en torno a la mujer y su sexualidad.

Un estudio de una empresa de juguetes eróticos, realizado a partir de una encuesta a más de 10.900 mujeres, señalaba que el 68% de las mismas habían fingido el orgasmo alguna vez. ¡El 68%! Tremendo. Y, ¿por qué? Los motivos que arguyeron las encuestadas fueron los siguientes: el 47% para que la pareja no se sintiera mal; el 31% para animar la situación y el 37%, para acabar cuanto antes. (1)

Detrás de estas cifras se esconden terribles certezas, como por ejemplo, que para acabar cuanto antes o/y la pareja no se sintiera mal, la mujer finge el clímax sexual, o lo que es lo mismo, el encuentro sexual no le satisface. Esto me hizo cuestionarme: ¿no le satisface porque el hombre desconoce cómo dar placer a la mujer o es, más bien, que no solo no sabe sino que además no le importa saber en absoluto? Imagino que habrá ocasiones en que las existe el poco o nulo interés del hombre por descubrir cómo darle placer a su partenaire a lo que se acompaña, en otras, el escaso conocimiento de la mujer hacia de su propio cuerpo o/y la vergüenza que esta siente al explicarle a su pareja qué le gusta y cómo.

Vayamos por partes. Primero, el desconocimiento del cuerpo. La tradición social y el daño que ha causado la religión católica a nuestra sociedad occidental es de sobra conocido. Todavía recuerdo cuando de pequeña se nos decía que la masturbación en los chicos provocaba granos e incluso ceguera, cuando no te llevaba directamente al infierno. Por supuesto, de la masturbación femenina ni se hablaba porque, primero, las mujeres no tenían sexo -eso era impensable-, y segundo, las que se tocaban y conocían su cuerpo eran todas unas putas y estaban condenadas directamente a morir quemadas en el infierno porque tocarse ‘ahi’ significa ser directamente una bruja amante de Lucifer. ¿Edad media? No se crean, aún sobre las chicas y mujeres de hoy recae el estigma de ser clasificadas como unas zorras si mantienen relaciones con varias parejas, mientras que a los chicos y hombres les sigue otorgando el aplauso social del tipo ‘hombretón, así se hace’.

Esto me lleva a pensar en la necesidad de realizar mayores esfuerzos dirigidos a procurar para nuestros menores y jóvenes de ambos sexos una educación sexual sana y plena. Pero también me lleva al tema del tabú. Sí, señoras y señores, hablar de sexo, de estimulación sexual y de qué nos gusta o no a las mujeres, es todavía hoy, en pleno 2021, un tema tabú. Si no que se lo digan a las personas que realizan talleres de educación sexual en los centros educativos. Hablar de sexo ahoga risas entre los más pequeños, a quienes se los perdonamos por su falta de madurez, pero ¿y cuando esas risas surgen entre entre chicos y chicas de Educación Secundaria? Se les presupone algo más maduros, personas en formación que deberían encarar el tema de la sexualidad como un tema de los más natural, al menos, genitalmente hablando, sobre todo, porque les va en ello la salud (embarazos no deseados, enfermedades de trasmisión sexual, etc…)

Y digo genitalmente hablando porque cuando hablamos de relaciones sexuales lo que existe de trasfondo – no hay más que escarbar un poco- es una cuestión netamente social, una cuestión de género. Porque es de género cuando señalamos que el cuerpo de la mujer se ha concebido, históricamente y hasta hace no mucho, como un mero objeto para el desahogue sexual del hombre, un objeto que genera millones de ingresos a mafias que comercian con el cuerpo de niñas y mujeres como si de mercancía se tratara, bajo el beneplático de una sociedad patriarcal que todavía concibe con excesiva indulgencia a los puteros que usan, abusan y ejercen violencia sobre las niñas y mujeres prostituidas solo porque pagan para ello. Por cierto, pagan a quienes las explotan. Tenemos a estas mujeres a las puertas de casa, en las calles de nuestra ciudad y miramos para otro lado. Total, están ahí porque hay un mercado que lo demanda y el capital siempre manda, ya se sabe.

Además, el hombre tiene más ‘deseos’ que se tienen que satisfacer. Uy, el deseo. ¡Vaya argumento más peligroso y falso! El patriarcado se ha encargado muy bien de grabar el mensaje de que las mujeres no somos seres deseantes ni actuantes, sino meras receptoras pasivas y procuradoras del placer masculino. Hablando claro: meros agujeros.

De ahí que la pornografía exalte el papel sumiso de la mujer en las relaciones sexuales y que se exhiba la imagen de los cuerpos de las mujeres como sumisas receptoras de los embistes sexuales de varios hombres a la vez, mostrándola incluso como que se lo están pasando genial. Que yo no digo que no haya quien se lo pase genial con el sexo en grupo, bravo por ellas y ellos, siempre y cuando sea consentido y entre personas adultas, porque se corre el peligro de que estas escenas sean visionadas – como de hecho, lo son- por niños y adolescentes consumidores de porno que después se van de fiesta para terminar violando entre varios a cualquier chica, porque claro, ella iba provocando, ella estaba allí porque le gustaba, ella era una putona que iba enseñando carne, ella no se resistió como debía, ella no dijo que no mil veces y si lo dijo, lo dijo por lo bajo y, claro, no la oímos. Desde luego, en este campo hace falta muchísima educación sexual y más cultivo de la empatía desde la infancia para no terminar tratando al otro, tanto mujer como varón, como si fuera un mero objeto que podemos usar y vilipendiar cuando nos dé la gana.

La celebración de este Dia internacional también también me llevó a preguntar: ¿y las mujeres que nunca podrán sentir un orgasmo porque han sido mulitadas mediante la ablación? De este tema apenas se habla excepto cuando se conmemora cada 6 de febrero, el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF), una realidad triste y que atenta directamente contra los derechos humanos de la mitad de la población del mundo.

Según un informe de UNICEF de 2016, se estima que más de 200 millones de mujeres y niñas vivas de 0 a 14 años han sufrido una mutilación genital, una práctica de la que tampoco escapamos en España ya que, según el Informe ‘La Mutilacón Genital Femenina en España’, publicado en 2020, más de 3.600 niñas que residen en nuestro país se encuentran en riesgo de sufrir la mutilación genital, una amenaza que ha aumentado un 5% en los últimos cuatro años.

Es decir, se somete a la mujer a la extirpación del clítoris, no solo con el objeto de evitar algo tan básico y fundamental como quitarle la posibilidad de vivir una sexualidad plena, práctica que, además, puede provocar la deformación y hasta la muerte de la pequeña, y esto con el fin de perpetuar su función como vasija reproductora, anular su capacidad como personas con deseo y asegurar su sometimiento al patriarcado.

En definitiva, hoy 8 de agosto, es un día no para la risa, sino para la reflexión. En este día, el que se celebra el Dia internacional del Orgasmo Femenino, tenemos mucho que celebrar, tanto mujeres como hombres, y lejos de ser una celebración vacua, es una celebración para llamar la atención hacia una situación que tiene un trasfondo social, cultural y, por supuesto, político, de lo más evidente y crucial: la reivindicación del cuerpo de la mujer como dominio exclusivo de la misma y el derecho de la mujer a gozar de su propio cuerpo en igualdad de condiciones que el varón, con él, con ella o consigo misma.

Así que animo a celebrar este día. Cada una y cada uno que lo celebren como quieran. Pero eso sí, con toda la libertad y plenitud a la que se tiene derecho como seres humanos que somos.

  1. Estudio sobre sexualidad que ha realizado Birchbox en colaboración con Platanomelón

  1. Estudio Mutilación Genital Femenina. Ministerio de Igualdad

Artículo publicado en Infonortedigital 8 de agosto 2021


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