Josefa Molina no ha perdido los “ideales” (reseña de Juan Ferrera Gil)

Josefa Molina no ha perdido los “ideales”

(reseña bibliográfica de Juan Ferrera Gil)

Acaba de publicar Josefa Molina una novela que merece la pena. A mí, particularmente, me agradan las novelas largas y densas, pero esta novela corta que les recomiendo no desmerece en ningún momento ni en ningún aspecto. Poder sintetizar una historia en poco más de cien páginas requiere un esfuerzo enorme y capacidad suficiente para seleccionar los distintos materiales que la componen. Y creo que Ideales Perdidos, Editorial Multiverso, 2020, lo consigue.

La acción se presenta hilvanada y trabajada. Ya se sabe que lo “aparentemente sencillo” es un fruto de un trabajo serio y riguroso. Y la periodista Josefa Molina se mueve hábilmente en este terreno. Así, el relato oscila entre dos tiempos y dos mujeres: los años universitarios y de formación, en una España que luchaba por salir de la dictadura, y lo que sucede veinte años después, donde se produce el inesperado reencuentro entre Lidia y Claudia, marcado por las extrañas ausencias de esta última. Además, hay otras voces que logran que la acción avance: Sebastián y Miguel ofrecen su punto de vista, así como ese monólogo interior angustioso que vemos en el apartado “El sueño”. Y la escritora es capaz de introducir una historia dentro de la historia, como las famosas muñecas rusas, para concretar el particular comportamiento de Claudia. Todo ello adornado de algunos guiños a la música, acordes con el momento narrativo, y al periodismo. Y hay otros elementos: la carta y el ascensor, que juegan un destacado papel.

Digamos también que los dieciséis capítulos en los que se divide esta corta novela aparecen encabezados por oraciones que ofrecen diversas pistas de lo que a continuación se narra. Tampoco debemos dejar atrás a dos ciudades distintas y complementarias: Londres y Madrid. Consideramos, modestamente, que este sentido binario de contrarrestar apartados, hechos y personajes es un logro destacado de Josefa Molina. Sin embargo, echo de menos las descripciones, de las que en la novela creo contabilizar cuatro. Y cuando la periodista se adentra en ellas, apenas con unas cuantas palabras la atmósfera del relato crece. La primera que nos regala dice así: “Londres es una ciudad fascinante, especialmente cuando el sol se muestra radiante entre las nubes y regala un poco de luminosidad a una ciudad siempre tan gris”. Y es muy significativo que al final recurra a este factor descriptivo. Ya descubrirán, estimados lectores, el porqué.

En definitiva, una novela bien construida, con señaladas dosis de intriga y misterio que, junto con otras voces narrativas , agrandan el conjunto. Es Josefa Molina una escritora que tiene algo que decir. Y va al grano, sin florituras. Por eso el otro día nos acercamos a la Librería Yaya, en Arucas, donde Alejandro, para que la autora nos firmara el ejemplar comprado el día anterior, que “habíamos devorado” sin poder interrumpir su lectura.

Y, como ustedes saben, inteligentes lectores, eso no sucede siempre.

 

JUAN FERRERA GIL

 

Publicado en Infonortedigital. Viernes, 24 de julio de 2020

 


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